No soy poeta, jamás pude hacer un verso, ni siquiera cuando mi corazón quedó hecho trizas, tampoco cuando saltó de alegría con mi primer beso.

Dicen que el corazón es el órgano más tonto del cuerpo, se enamora con facilidad, odia por motivos superfluos y se rompe en trocitos diminutos, necesita que le den un empujón y mete la pata la mayor parte de las veces, pero también dice que quien doma a un corazón es capaz de crear poesía a través de una mirada.

Yo no soy poeta, ni sé de versos, tampoco sé si tengo corazón o solo una máquina que al compás se mueve y hace ruido, quisiera pensar que está latente como aquella arpa del ángulo oscuro del salón, esperando una mano cálida que sepa arrancarle una nota.

Dicen que para amar primero tienes que sufrir de amor, que quien no ha llorado de amor no puede morir por él, que un corazón sin cicatrices es un corazón sin usar; yo no sé como estará mi corazón, rara vez lo saco de paseo, pocas veces lo expongo y aún menos lo regalo. Alguna vez lo hice y acabo con más de una herida y llorando, por eso ahora ya no busco a nadie, solo espero a que ese alguien venga y sepa robármelo no sin antes dejarme el suyo como recambio.