Querer sin poder, reír de mentira, perderse en el infinito y encontrarse en el infierno, buscar y buscar para jamás encontrar la forma de satisfacerse a uno mismo.

Saber la solución en lo más profundo de tu alma, tener la combinación secreta, esa que cuando se hace el silencio te golpea la cabeza con sus gritos, esa que no abre más que una cosa inservible, el corazón.

Reír sin llorar, levantar la cabeza y asentir cuando se confirma que se fue un valiente, que lo dio todo por aquello en lo que creía.

Yo ni siquiera soy valiente, ni creo en nada, ya no, al menos, hubo un tiempo cuando yo era menos vieja, donde el avatar de la arquera-loca me hacía justicia, siempre perseguí imposibles, siempre perseguí la luna con mi arco y mis flechas, siempre soñando alcanzarlos, jamás perdí mi norte, ni de mi vista la luna, tiraba flechas siempre que podía y ella me miraba complacida al ver a una loca pretender alcanzarla con un flecha de madera y un arco de una cuerda.

Juntas vivimos felices, ella me veía cumplir sueños y yo la veía cada vez más cerca, ella me miraba con buenos ojos y yo siempre le dedicaba mi mejor sonrisa.

Pero un día la tormenta el cielo de nubes cubrió, mi luna se perdió y jamás pude volver a encontrarla.

Quizás son mis propias nubes, quizás mi incapacidad de volver a empuñar mi arco o puede que sea mi cobardía a pillar a la luna desprevenida y alcanzarla de verdad, el caso es que ya no sueño con alcanzar la luna, ya no sueño con nada, ni siquiera hago el esfuerzo de sacar mis flechas y apuntar.

Mi luna, conociéndola estará llorando, mirando desde un hueco entre dos nubes, esperando que vaya a buscarla y volvamos a jugar como antes, seguro se siente sola, quizás tenga miedo y le están haciendo daño, seguro que ya no me quiere, me canse de luchar, me rendí, la defraude.

Ella siempre confió en mi, siempre creyó que alguna vez la alcanzaría, nunca creyó que el juego se terminase porque yo me cansaría de jugar, por me rindiese a la adversidad.

El cielo sigue cubierto, ya no salgo a buscar a mi luna, tampoco miro las estrellas, cuentan que ellas conocen los secretos más profundos del alma.

¡¡Ay mi luna!! si de tu altar pudieras bajar y venir a buscarme o con una de mis flechas alcanzarme... Volveríamos a correr juntas y a soñar y a reír, volveríamos a ser como cuando yo no me sentía tan vieja y tu eras aun más joven.

Cuento del arquero loco resumen:


“Un arquero quiso cazar a la luna. Noche tras noche, sin descansar, lanzó sus flechas hacia el astro. Los vecinos comenzaron a burlarse de él. Inmutable, siguió lanzando sus flechas. Nunca cazó a la luna, pero se convirtió en el mejor arquero del mundo.” Alejandro Jodorowsky