Puede que tu también vengas de visita a mi casa, puede que como yo también entres sin hacer ruido e incluso puede que guardes en la memoria los cuadros y muebles que tengo expuestos, aunque puede que ya no tengas tiempo ni ganas de hacerlo, puede que ya no te interese lo que haya dentro o que quien vive allí ya no sea de tu agrado.

No sé cual es la situación tuya, a veces dejo pequeños guiños, por si pasas de casualidad por ella, a veces me gusta dormir con la luz encendida del porche por si te sorprende la tormenta y necesitas dormir en mi casa, pero soy consciente de que eso nunca ha ocurrido, nunca más vendrás a dormir a mi casa, jamás volverás de visita.

Para ser sincera, nunca te invite a ella, pero tampoco te prohibí la entrada cuando entraste en ella, puede que sino vienes sea porque te duela lo que hay dentro, los recuerdos, lo que se rompió, lo que era y ya jamás volverá a ser, no sé, nunca me atreví a preguntar si venias de vez en cuando de visita, igual que tampoco pregunte cuantos libros habías leído de mi biblioteca o cuantos cuadros recorriste con tu pupila, quizás sea el miedo a tu respuesta negativa lo que me impida preguntar si te gustó mi casa o si tienes algo que decirme.

Ya da igual, da igual, porque mi casa es mía y la necesito para vivir, porque sin ella me quedaría sin nada, ojala vinieras de visita y dejases tu huella, pero yo no puedo simplemente hacer lo que hiciste tu, sacar mis muebles y dejar mi casa vacía y no volver más.

Me gusta mi casa, mis casas para ser sincera, ha sido mucho tiempo invertido, muchos recuerdos acumulados y mucho cariño expuesto, y una vía de escape para dejar volar mi imaginación y poder volar libre surcando los cielos.